ACTITUDES DESEADAS Y NO DESEADAS
Una actitud puede
ser definida como una predisposición adquirida y sistemática de la conducta
hacia determinados objetos del mundo (personas, situaciones, etc.) Integra lo
social y lo individual. Las actitudes no son conductas sino tendencias,
predisposiciones a conducirse de determinada manera, predisposiciones
aprendidas en del seno social.
Tiene 4 características
principales:
A) Direccionalidad: La
actitud implica un dirigirse hacia un objeto.
B) Adquirida: Se aprende
conviviendo
C) Mas o menos durables: Son
estables, aunque pueden modificarse por influencia externa.
D) Polaridad afectiva: Esta
conformada por afectos de aceptación y rechazo.
Los principios básicos de las actitudes nos
dicen que cada uno de nosotros es responsable de sus propias actitudes.
Si mis actitudes son mi propia creación la única persona que las
puede cambiar soy yo misma y, aplicada a mis alumnos, los únicos que pueden cambiar
sus actitudes son ellos mismo.
CULTURA
La cultura es un vínculo invisible que nos une ente personas y que expone formas de pensar y de vivir.
Nuestros
patrones de conducta, sistemas de creencias, principios y formas de
vida derivan de la cultura, que en pocas palabras es la suma de todas
las formas de arte, de amor y de pensamiento, que con el paso del tiempo
han permitido a los seres humanos ser más libres.
Las
representaciones culturales como el arte, la literatura, el lenguaje y
la religión, junto con los valores y creencias de una comunidad, forman
su esencia y se manifiestan a través del estilo de vida de quienes
pertenecen a ella. Cada cultura es especial, distinta y es esa
diversidad lo que más nos enriquece.
La
cultura se relaciona con el desarrollo de nuestra actitud pues nuestros
valores influyen en la forma en que vivimos. De acuerdo con la
definición conductista, ésta es el último sistema de control social
donde la gente tiene el dominio de sus propias normas y conductas. Los
valores son nuestros principios fundamentales, dan forma a lo que
pensamos, a cómo procedemos y a nuestra manera de ser.
La cultura afecta la percepción y el comportamiento. La
manera en cómo percibimos las cosas está en gran medida afectada por
los prejuicios, la actitud y las emociones, factores estrechamente
relacionados con la cultura. Al etiquetar algo como bueno o malo,
nuestras ideas preconcebidas juegan un papel básico. Cuando juzgamos
algo como fácil o difícil, la actitud y el nivel de motivación que
tenemos son clave. La cultura a la que pertenecemos determina la
estructura de nuestro pensamiento, lo que influye en las percepciones.
La cultura constituye el marco para nuestros pensamientos y comportamiento, las ideas
arraigadas en la mente influyen en la forma en que vemos a las personas
y en cómo reaccionamos a determinadas situaciones. Diversos estudios
han demostrado que la cultura influye en la forma en la que nuestro cerebro procesa la información y responde a los estímulos. Esta es otra de las razones por las que es tan importante.
La cultura nos da una identidad y nos ayuda a forjar el carácter. Los valores compartidos a través de la comunidad o grupo social en el que estamos, nos dan un sentido de pertenencia. La cultura nos une y nos da una sensación de seguridad.
El idioma que hablamos, el arte, la literatura y el patrimonio del que estamos orgullosos, la gastronomía,
las fiestas, las costumbres y tradiciones, juntos forman nuestra
cultura, se convierten en una parte de la vida diaria e influyen en
nosotros de muchas maneras. La importancia de la cultura no se puede
enfatizar lo suficiente, ya que es algo que está dentro de nosotros, nos
rodea, y es una parte integral de nuestro ser. Define la forma en que
tratamos a los demás ya nosotros mismos.
Celebrando la diversidad
En
casi todas las facetas de la vida es importante reconocer las
diferencias culturales. A consecuencia de la migración de las familias
de un país a otro, vivimos hoy en una sociedad multicultural. Quienes
viven alrededor de nosotros, aquellos con quienes convivimos y
trabajamos todos los días, tienen raíces diversas pues provienen de
otras partes del mundo, por lo tanto su formación, creencias y valores
son distintos de los nuestros. El conocimiento de
la cultura propia y de la de los demás, nos ayuda a aceptar estas
diferencias; estudiarlas amplía la visión que tenemos del mundo,
aprendiendo con ello a apreciar y a respetar a los demás.
La
cultura es un fenómeno común a todos los seres humanos ya que todos y
cada uno de nosotros, al vivir en sociedad, aprendemos lo que nos
transmiten las generaciones anteriores y con ese conocimiento podemos
eventualmente contribuir a que la cultura siga creciendo y perviviendo.
Sin embargo, la cultura también nos diferencia ya que cada grupo social
construye sus propias representaciones culturales de acuerdo a sus
preferencias, sus intereses, sus miedos, sus inquietudes, etc. Así, no
es lo mismo la cultura de un país occidental que la de un país oriental,
como también puede ser diferente la cultura de una región de un país
con otra región del mismo país o incluso las culturas que representan a
diferentes grupos sociales que conviven juntos en un mismo espacio geográfico.
Cada
uno de nosotros se siente representado por un grupo de tradiciones,
elementos, formas de pensamiento, formas de actuar que son parte de la
sociedad o del grupo social en el cual desarrollamos nuestra vida
cotidiana y que nos dan una idea de pertenencia. De este modo, es muy
difícil que alguien de nacionalidad alemana se sienta parte de la
cultura india porque las representaciones culturales de cada sociedad
son muy distintas y tienen que ver con las especificidades del lugar,
del ambiente, del momento, del grupo social, etc.
CONFLICTOS
En
realidad los conflictos no hacen sino describir cómo los humanos, por
el simple hecho de vivir, nos encontramos con ciertos problemas en
nuestra relación con los demás, e incluso con nosotros mismos. De esta
manera, conflicto es una palabra que podría ser sustituida por vida.
Evidentemente, en cierto sentido, los conflictos pueden ser considerados
como obstáculos y problemas, puesto que suponen dificultades para que
realicemos alguna acción. Pero eso mismo es lo que les ocurre a todos
los seres vivientes, que tienen «problemas» con sus congéneres, con el
resto de los animales y con la propia naturaleza.
Expansión,
tensión, fuerza, choque, colisión, etc., son conceptos que utilizan
continuamente las ciencias que se ocupan del Universo para describir las
dinámicas del mismo, de tal manera que ante los ojos de un inexperto
sería fácilmente reconocible que se están describiendo elementos, masas y
energías que se podría decir que están en «conflicto» continuo.
Desde
el big-bang, la formación de los agujeros negros, las galaxias, los
planetas, y el propio planeta tierra, son fruto de estas tensiones.
Detengámonos
un poco sobre nuestra condición de simples criaturas vivientes. Los
procesos evolutivos, y en consecuencia los seres vivos, estamos sujetos a
las leyes de la física y de la química. La mecánica, por ejemplo,
impone las leyes en la morfología de los animales, el peso debe ser
manejado por los órganos de locomoción, ya sea en tierra, en agua o en
aire, y esto condiciona todos sus movimientos y sus relaciones con otras
especies; la composición química de un organismo le dará mayores
probabilidades en un entorno con unos u otros elementos; etc. Estas
leyes condicionan directamente la vida de los humanos en todos los
aspectos: en qué entorno físico vivir, qué materias primas necesitar,
qué plantas ingerir, que aguas beber, con qué animales convivir, etc.
Desde
la perspectiva anterior es evidente que los seres vivos están inmersos
en la «conflictividad» de la física del universo, pero a partir de su
existencia y su participación interesada en compartir los recursos
existentes esta «conflictividad » adquiere unas manifestaciones
cualitativamente distintas.
La
cultura, que es lo que nos diferencia como humanos, nos ayuda a
almacenar y transmitir las experiencias que nos facilitan lograr mayor
bienestar. La cultura asume parte de los problemas de los humanos en su
relación con la naturaleza y, por añadidura, consigo mismos.
El conflicto define
al conjunto de dos o más hipotéticas situaciones que son excluyentes:
esto quiere decir que no pueden darse en forma simultánea. Por lo tanto,
cuando surge un conflicto, se produce un enfrentamiento, una pelea, una lucha o una discusión, donde una de las partes intervinientes intenta imponerse a la otra.
Si definimos el término desde un punto de vista simple, podemos decir que un conflicto es una situación en la que dos o más personas no están de acuerdo con
el modo de actuar de un individuo o un grupo. Para que esta situación
exista es necesario que exista un desacuerdo que no haya sabido
resolverse. Por ejemplo: Si de una pareja una de las partes desea ir a
un lugar de vacaciones y la otra a un lugar diferente hay desacuerdo, si
acceden a charlar y resolver el problema de común acuerdo, entonces el
conflicto no se produce, lo contrario, si ninguno da el brazo a torcer,
sí.
Además, un conflicto puede ser de tipo personal o estructural.
Los conflictos personales para desarrollarse necesitan que existan
individuos con determinados sentimientos e ideas en juego; mientras que
los estructurales son endémicos de circunstancias específicas en un grupo de personas, son conflictos genéricos.
De todas formas no es tan simple diferenciarlos pues para que existan
conflictos estructurales es necesario que existan individuos que se
involucren y creen el problema










Hola alejo interesante tu trabajo
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